martes, 9 de enero de 2018

Verde Esperanza

Verde intenso, como la esperanza de un mañana mejor, de que algo cambie para siempre a lo largo y ancho de este nuevo año, algo, lo que sea y que sea tan bonito, agradable y deseado como la propia esperanza que sentimos al esperar un ser querido, una buena noticia,una mejora de salud, una vida plena. Ahora que la época de fiestas navideñas terminó, empieza el final de las ilusiones de mejora y todo vuelve a ser como antes, o no, eso depende de cuan ciertas eran esas promesas íntimas para conseguir aquello que no fuimos capaces en años anteriores. Es lícito desear un mundo, una vida, una salud mejor, porque todo se puede pedir y todo se puede esperar con esa esperanza verde intenso de que los milagros existen. No nos dijeron que los milagros suceden sólo cuando hacemos por lo menos la mitad del camino para lograrlos, eso se lo callaron, tampoco nos dijeron que tenemos la capacidad de cambiar nuestro mundo si realmente lo deseamos y nos ponemos a ello, y eso si que es un milagro gigante, nada cambia, nada sucede sin que hayamos previamente pensado en ello, dime cómo es tu vida y te diré cómo piensas, simplemente pensando tu haces realidad hechos, buenos, regulares o malos, es tu vida, tu decides. La felicidad, el éxito y la harmonía no dependen de la suerte, adivina de qué dependen?

sábado, 16 de diciembre de 2017

La rabia del pacifista

No creo que ningún pacifista no haya sentido rabia en sus entrañas. Hay que sentir la ira y la rabia, esa agresividad que te llena de violencia los sentidos, esa bestia que inunda el pensamientos con deseos de venganzas lentas y crueles, llegas a sentir un temblor por todo el cuerpo como si fueras pura dinamita a punto de estallar, te ciega la ira y ya no ves claro, ya no hay miedo...solo ganas de sacar toda la cólera y la ira acumulada en tu ser, es un sentimiento de frustración muy potente en caso de que no puedas dar rienda suelta a toda esa agresividad congestionada en tu cerebro y tus músculos, vuelves a esperar impaciente la ocasión propicia para descargar con fuerza esa rabia que te come por dentro...día tras día, hasta que llega el momento y puedes desahogarte ya sea verbalmente que físicamente, luego te sientes incompleto, porque siempre piensas que podrías haber hecho más...y así se puede llegar a todo lo agresivo, violento y cruel que se desee, esto es un hecho, es una verdad que pocos confiesan, simplemente piensas que el mundo está en contra de lo que sea que se quiera, ideales varios, es el perfil de muchas gentes violentas, esto lleva a la insatisfacción de la propia vida, a no ser capaz de tener una hora de paz con uno mismo.
Algunos de nosotros, después de haber sentido todo esto nos damos cuenta que hay una forma diferente de enfocar la rabia, que hay algo más poderoso que la violencia física o verbal, que se puede vivir en paz y sentirse bien sin necesidad de odiar, vengar, pegar o insultar. Pero para ser pacífico siempre hay que haber estado al otro lado, al lado de la rabia, la ira y el menosprecio. Ser pacifista es una decisión tomada con tiempo, mucho tiempo, y un dominio absoluto del pensamiento y el sentimiento de ser más poderoso que el mismo odio, entonces la rabia se convierte en energía productiva al servicio de una creatividad muy diferente y gratificante, es cuando llega la calma del espíritu y la mente dejando ver cosas que antes no sabiamos que existian. En este mundo hay muchos caminos, pero solo dos vertientes...la paz y la violencia, aprender a ser pacífico no es cosa de cobardes, es algo muy difícil de lograr, hace falta valor, fe, paciencia y tiempo, así pues cuando alguien te diga que es pacifista, piensa dos veces antes de reirte a veces no es más valiente el que grita, sino el que calla. Educar a los niños con paciencia, con diálogo y con amor es la mejor forma de no tener que lamentar la violencia juvenil extrema, se lleva mucho eso de insultar a los propios hijos y eso acumula rabia, impotencia y frustración en la niñez, que de un modo u otro se expandirá con el tiempo, seamos listos, si queremos una vida en paz empecemos por nosotros mismos.

viernes, 15 de septiembre de 2017

El arma secreta del deseo, no es lo que pensamos...

Ten cuidado con lo que deseas, esta frase se ha repetido mucho y se sigue repitiendo. Invariablemente los deseos se cumplen o no, eso siempre depende de la persona y lo asequible que sea el deseo, aquí no hablo de deseo carnal, ese que tantas y tantas veces nos han dicho que es pecado casi mortal...de ese no. Y sin embargo todo comienza con un deseo, nuestra mente no sería nada sin la capacidad de desear ya que necesitamos sentir deseo para cumplir las tareas más primarias, sientes hambre y tu deseo es comer, lo que te lleva o a la pizzería más próxima o a tu cocina para preparar algo bien apetitoso que satisfaga tu deseo de comer, ese mismo deseo hace que tu imaginación se predisponga para la elaboración de algo bueno y o en su defecto comestible.Querer estar mejor te lleva a cuidar tu salud, pasando por un deseo de mejorar tu apariencia física, también nuestros deseos de una vida más cómoda, alegre y jovial, son los mismos que nos hacen avanzar y luchar para obtener mejores puestos de trabajo y como no, mejorar las entradas de dinero. Allá donde haya un plan, una meta o un proyecto, hay un deseo debajo de la ilusión de conseguir todo lo que nos proponemos. Y todos tenemos deseos, absolutamente todos, ya que el deseo va de la mano con la mente y es el conductor, programador y artífice de todo lo que conseguimos, bueno y malo. Hay tantas clases de deseos como arena en el mar, desde los más infantiles hasta los más ambiciosos, pasando por esos imposibles, abrazar a nuestros seres queridos que ya no están, y aún así, si cerramos los ojos y nos dejamos llevar al bonito recuerdo del abrazo a nuestra madre o padre, hay un instante fugaz en que podemos sentir su ternura y su amor. Es cuando se pierde la capacidad de desear que empiezan las depresiones, hay que llenar la vida con deseos diarios fáciles de cumplir, sin dejar de lado los que parecen más lejanos o imposibles. La vida es deseo puro, del bueno, del mediano, incluso del muy malo. Según la conciencia de cada uno, desear lo mejor para los demás sean como sean, es un acto de amor incondicional, si deseas el bien, como mínimo tendrás la tranquilidad de haber pensado bien, eso elimina el deseo de desaprobación y juicio interno, que luego no deja dormir en paz. Muchas veces no deseamos ir a trabajar, luego pensamos en lo que haremos con el dinero...y con o sin deseo vamos para poder cumplir ese otro deseo. Desear no es amar, cierto, pero cuando el deseo es bueno ayuda mucho a amar lo deseado.